Meditación del rosario sobre los misterios de luz - Hna. Salezja Molik

Meditaciones de los misterios de luz
1. El bautismo del Señor Jesús en el río Jordán
Del Evangelio de san Mateo:
«Déjalo ahora, porque conviene que cumplamos toda justicia». Y he aquí que se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y venía sobre él. Y una voz desde el cielo dijo: «Este es mi Hijo amado, escuchadle».
Jesús se sumerge en las aguas del Jordán, obediente al ministerio de Juan el Bautista. En el signo del agua desea lavarnos de nuestros pecados. Ese lavado pleno se realiza en el sacramento del bautismo, que los sacerdotes administran por la fuerza de las palabras de Jesús:«Id por todo el mundo y bautizadlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».
Gracias a este sacramento nos hacemos hijos de Dios y podemos acudir a todos los dones que en la Iglesia nos conducen a la salvación.
2. Jesús realiza su primer milagro en las bodas de Caná de Galilea
Del Evangelio de san Juan:
«Cuando faltó el vino, la Madre de Jesús le dijo: «Ya no tienen vino», y dijo a los sirvientes: «Haced lo que él os diga»».
Una boda es un acontecimiento gozoso en la vida de una familia. Debería unirse al sacramento del matrimonio, porque solo entonces nace una nueva familia, a la que Dios bendice:«Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer».
El hombre y la mujer han recibido de Dios el don de transmitir una vida nueva, el don de engendrar un hijo que no es propiedad suya, sino hijo de Dios, destinado a una vida gozosa en la eternidad con él.
Pidamos a María, Madre de toda la humanidad, que proteja nuestras familias y nos ayude a formarlas según el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret.
3. El anuncio del Reino de Dios y la llamada a la conversión
Del Evangelio de san Mateo:
«Al ver Jesús a la multitud, subió al monte. Y cuando se sentó, se le acercaron sus discípulos. Entonces abrió su boca y les enseñaba: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia»».
La misión que Jesús recibió del Padre celestial fue anunciar a los hombres la noticia más hermosa: Dios ama a cada uno de nosotros y ha preparado para cada persona un lugar por toda la eternidad en su Reino.
La Iglesia continúa esta tarea mediante el ministerio de los sacerdotes, que nos anuncian el Evangelio, la Buena Noticia de la salvación.
Oremos para que nunca nos falten sacerdotes que nos administren los santos sacramentos, nos expliquen el Evangelio de Cristo y nos enseñen a llegar a ser hijos de Dios.
Madre de los sacerdotes, alcánzanos de tu Hijo sacerdotes santos.
4. La transfiguración del Señor Jesús en el monte Tabor
Del Evangelio de san Marcos:
«Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y los llevó a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos».
Este acontecimiento extraordinario llenó de temor a los tres Apóstoles. No sabían qué estaba ocurriendo y al mismo tiempo experimentaron una paz y una felicidad extraordinarias. Pedro exclamó:«Rabbí, qué bien estamos aquí; hagamos tres tiendas».
La vida del cristiano es una continua transformación de nuestro corazón y de nuestros pensamientos a la luz de la fe. En esa transformación nos vienen en ayuda los sacerdotes, que en el sacramento de la penitencia y la reconciliación, en nombre de Jesús, nos reconcilian de nuevo con Dios y con los hombres.
Señor, te pedimos que concedas a los sacerdotes la fuerza del Espíritu Santo, para que formen su propio corazón según el modelo de tu Corazón misericordioso.
5. El Señor Jesús instituye el sacramento del Amor, el sacramento de la Eucaristía
Del Evangelio de san Marcos:
«Mientras comían, tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo». Después tomó un cáliz y, dadas las gracias, se lo dio, y todos bebieron de él. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la alianza, que será derramada por muchos»».
Unas pocas palabras, unos pocos instantes bastaron para obrar el mayor de los milagros, el Milagro del Amor.
Piensa: él se entregó a nosotros por entero como Alimento y Bebida. Se quedó con nosotros, vivo y verdadero, para fortalecernos consigo mismo en el camino hacia el cielo.
La Eucaristía está estrechamente unida al sacerdocio. No habría Eucaristía si Jesús no hubiera instituido el sacramento del sacerdocio. Necesitamos a los sacerdotes para hacer bajar a Jesús del cielo a la tierra y acercarnos el Reino de los Cielos. Ya aquí, en la tierra, podemos vivir, trabajar y servir a los demás en la cercanía de Jesús.
Oremos por nuevas y santas vocaciones sacerdotales, para que aquellos a quienes Jesús llama lleguen a ser testigos del Amor de Dios.
Amén.
Meditaciones preparadas por Hna. Salezja Molik CSFB

